Restaurar Caravana Vintage

No recuerdo en qué momento ni por qué se nos instaló en el córtex cerebral la idea de restaurar una caravana antigua. Lo que sí recuerdo es que la idea, lejos de diluirse, cada vez tomaba más fuerza, de modo que comenzamos a dar forma al proyecto.

Teníamos muy claro que tendría que tratarse de una caravana lo más antigua y retro que pudiéramos conseguir. Realmente, la idea giraba en torno a ese detalle dentro de nuestras posibilidades y entorno. Tras hacer unas búsquedas en la red, nos dimos cuenta de que las unidades que nos podrían interesar eran demasiado viejas para poder circular y, en su mayor parte, carecían de documentación, con lo cual habría que traerla en grúa, con el gasto que suponía para una aventura que no sabíamos cómo terminaría. De modo que limitamos la búsqueda a nuestro entorno.

Iniciamos la búsqueda en una campa de venta de caravanas muy cercana a nuestra ubicación. Después de ver los modelos que tenía en venta, le dijimos que buscábamos algo más económico y antiguo y así fue como acabamos en la zona de desguace. Allí estaban las caravanas más antiguas y en peor estado (por decirlo suavemente) y fue allí donde elegimos la que, aparentemente, estaba en mejores condiciones. Que no tuviera muebles no importó, ya que facilitaría las cosas y no era algo significativo para nuestro proyecto.


Una vez con la caravana en casa, teníamos que empezar a “meterle mano”. En este apartado tengo que decir que nosotros no tenemos ninguna experiencia ni conocimiento técnico en este tipo de trabajos. Sería la primera vez que pintaríamos con pistola, que utilizaríamos espuma expansiva, ni idea en restaurar ni reconstruir absolutamente nada más allá de montar algún mueble de Ikea o pintar alguna habitación de casa.

Instintivamente, lo primero que hicimos fue desmontar las ruedas y calzarla para tener buen acceso desde abajo. Seguimos desmontando todas las tulipas de faros y pilotos, catadióptricos y triángulos con el fin de limpiar y pulir para que el resultado fuera lo mejor posible (hay infinidad de vídeos en YouTube que ayudan mucho). A continuación desmontamos la claraboya del techo para limpiarla y acondicionarla. Nuestra idea era dejarla lo más “original” posible. Después desmontamos todas las ventanas con apertura, incluidas las gomas que recubren todo el perímetro del marco. Las ventanas fijas consideramos que no era necesario desmontarlas. Lo más engorroso fue limpiar todas las ventanas de pegatinas viejas completamente integradas en el metacrilato.


El suelo vimos que estaba podrido en su mayor parte como consecuencia de la entrada de agua, humedades y demás. Lo desmontamos completamente y dejamos la caravana en el chasis. Continuamos saneando las zonas podridas y en mal estado de las paredes y techo. Seguimos con los pasos de rueda: los desmontamos, saneamos, pintamos y volvimos a montar con tornillería nueva. A la vez que trabajábamos en los pasos de rueda, aprovechamos para limpiar y pintar la estructura de hierros que soportan el suelo.


Tocaba empezar a reparar y reconstruir el interior. Lo primero fue recomponer el cableado eléctrico de la caravana. A base de esquemas y croquis conseguimos definir, mediante colores, qué función tenía cada cable y qué posición ocupaba en el conector de 7 pins. Considero que este punto hay que tenerlo muy claro antes de tapar el cable con las conexiones.

Resuelto este punto, comenzamos la reconstrucción de paredes y techo con listones de madera, aislante y espuma expansiva principalmente. La terminación la dimos con laminado de contrachapado y, en las zonas curvas, contrachapado flexible. Lijamos todo el interior para igualar las zonas originales con las reconstruidas. Una vez bien lijado, dimos una capa de imprimación y, antes de iniciar el pintado, consideramos que nos convendría instalar el nuevo suelo.


A este tema le dimos varias vueltas y finalmente, tras tomar medidas, nos decantamos por tableros de madera OSB machihembrados. Nos gustó el acabado y pensamos en dejarlo “tal cual” para el resultado final en la parte interior, como finalmente así fue.

La parte exterior del tablero, una vez cortado a la medida correspondiente, la pintamos con dos manos de pintura aislante con el fin de ofrecer una buena protección exterior a la madera. Una vez instalado el suelo, forramos los pasos de rueda con listones de madera cortados a su justa medida y pegados con un adhesivo especial.

Pintamos en color blanco las paredes y el techo con varias capas y aplicamos barniz protector en el suelo y pasos de rueda.


Algo que se nos complicó bastante fue el ajuste del suelo con las paredes y especialmente con la zona delantera y trasera. Dejar un acabado medianamente aceptable nos costó bastante tiempo y trabajo.

Iniciamos el trabajo en el exterior lijando toda la pintura de los laterales y el techo. Comprobamos el estado de las molduras y la tornillería, sustituyendo todo lo que estuviera en mal estado, como la cinta tapa tornillos que estaba pasada y cuarteada.

Una vez lijada, tocaba empapelar para pintar con pistola. Dimos una capa de imprimación blanca y después el color definitivo: blanco en la parte superior y rosa en la parte inferior.


Una vez pintada tanto por fuera como por dentro, montamos todas las tulipas de los pilotos traseros. Tras limpiarlas a conciencia, las restauramos con lijas de distintas densidades y finalmente con pulimento. Montamos pilotos blancos en la parte delantera (obligatorios para poder circular), triángulos rojos en la trasera y catadióptricos amarillos en los laterales.

Montamos la claraboya del techo respetando todos los mecanismos de apertura originales y colocamos una nueva cerradura en la puerta, cuya adaptación también tuvo su complejidad.


El tema ventanas fue bastante complejo. Nos faltaban la mayoría de los brazos de apertura y los pocos que había estaban rotos e imposibles de reparar. Tras mucho buscar, conseguimos unos brazos antiguos ya descatalogados que pudimos adaptar haciendo nuevos agujeros en el metacrilato. Los agujeros antiguos los tapamos con un adhesivo transparente.

También había ventanas fisuradas y rotas. Ponerlas nuevas era demasiado caro, así que optamos por repararlas con cianoacrilato y un segundo componente granulado que hace función de relleno, creando una unión extra fuerte. Tras una limpieza minuciosa y pulido especial para metacrilatos de caravana, procedimos al montaje final.


Las llantas las lijamos y pintamos, pusimos neumáticos nuevos y añadimos una banda blanca que le dio un aire mucho más retro. Tensamos el freno de mano, instalamos un nuevo cableado con conector de 7 pins y comprobamos los bujes, que estaban en perfecto estado.


La decoración y el equipamiento interior fue obra de Meryfiori. No me extenderé demasiado en este punto, ya que responde a gustos personales y necesidades. En nuestro caso, la idea era utilizarla como oficina para atender a nuestros clientes.


Una vez terminada, nos empeñamos en dotarla de documentación, ya que no teníamos ni un solo papel. Es un tema complejo y controvertido, del que se ha escrito mucho. Resumiendo: conseguimos identificar la marca y modelo, una Roller Rafael 201 de finales de los años 70, obtuvimos una ficha técnica reducida y, tras varias gestiones y alguna que otra discrepancia en la ITV, finalmente logramos la documentación necesaria.


Pequeñas reflexiones de un neófito

Creo que estos proyectos contienen una importante carga emocional. Muchas veces dan ganas de “tirar la toalla” y hay que responder con calma y paciencia. El resultado final puede no ser el que imaginábamos al principio, pero eso es parte del aprendizaje.

Tener una visión global del proyecto evita rehacer trabajos y cometer errores por falta de planificación. Todo esto genera experiencia y conocimientos, que también es parte del camino.

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